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¿Cómo son los niños valencianos? PDF Print E-mail
Written by Juanjo Alvarez Gomez   
Friday, 17 December 2010 11:04

 

 
Los vemos nacer, crecer y formar, día a día, su carácter y personalidad. Observamos qué les gusta y cómo se divierten, a qué dedican su tiempo libre, con qué les gusta vestirse, con qué prefieren jugar, cómo se relacionan... pero ¿sabemos los mayores qué piensan y qué les preocupa a nuestros niños?

Fotografia Valencia
 
Por ejemplo, cuando se les pregunta con qué frecuencia respetan las opiniones de los demás, el 71,8% responde que nunca mientras que el 35% reconoce que siempre trata de imponer a los otros lo que piensa. Estas son sólo algunas de las conclusiones de un estudio elaborado por el Instituto de Creatividad e Innovaciones Educativas de la Universitat de València para la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes con chavales de entre 8 y 12 años.
«Estamos asistiendo al fenómeno de la reducción de la infancia. Nuestros niños de hoy sufren de estrés, son obesos y padecen enfermedades de adulto. Y en los adolescentes ya se están tratando adicciones por abusar del alcohol, el móvil o los videojuegos», explica Petra M.ª Pérez, catedrática de Teoría de la Educación y coordinadora del estudio.
Muchas veces se dejan llevar por las emociones, como lo demuestra que sólo el 24,5% admita que siempre trata de aclarar los malentendidos con diálogo antes que pelear. El resto dice que nunca o pocas veces. El 58% dice que no tiene ninguna importancia controlar su genio aunque sea mejor para ellos.
A la mayoría les gusta ganar (61,1%), el 79% no dan importancia a esforzarse para conseguir sus propósitos y para el 72,7% es primordial ir a la suya sin pensar en los demás. El 63,7% dice que leer para conocer cosas no tiene ninguna importancia, de hecho sólo el 9,1 lo considera muy importante. Y en la misma línea, sólo un paupérrimo 0,9% cree muy relevante estudiar para aprobar.
Tampoco están muy dispuestos a saber esperar, sabedores de que no todo se consigue de inmediato. Para un amplio 68,9 no es en absoluto significativo y al 18,9 les resulta indiferente. Sólo el 8,2% lo considera importante.
¿Cuál es la solución? «Enseñar a los chavales a dilatar la gratificación», explica Petra M.ª Pérez. Una cualidad que en el juego se aprende de manera natural. «Tú no puedes saltar a la comba cuando quieras, sino que debes esperar tu turno», ejemplifica.
Esa espera del resultado no está enraizada en la educación actual. «Nosotros teníamos que esperar al cumpleaños para que nos regalaran algo o para estrenar ropa primero había que usar la de los hermanos mayores... un montón de cosas que los niños de ahora no tienen tantas oportunidades de aprender porque lo consiguen todo instantáneamente», según Pérez. De hecho, la amplia mayoría de encuestados recibió más de diez regalos en Navidad y en su cumpleaños.
La importancia de dilatar la gratificación la demuestran los estudios realizados, «donde se aprecia que una persona que es capaz de esperar por un resultado, después, de adulto, cuando se propone una meta demuestra mucha más facilidad para alcanzarla».
Pero además son muy reivindicativos y no están acostumbrados a encontrarse con un no como respuesta. No es extraño entonces que el 67,4% admita que discutir y pelearse es lo normal. Y a eso se añade el ideal de familia feliz, «que pesa enormemente». «A los padres les cuesta mucho hacer malos pronósticos sobre las conductas de sus hijos». Por regla general los chavales son poco amantes de reconocer sus fallos y disculparse. Así un 72,8% dice estar nada dispuesto a hacerlo, frente al 19,1% que le es indiferente o al 3,1% que contesta que mucho.
Adultos antes de tiempo
Cuando se trata de disciplina, el 80,7% no cree imprescindible mantener sus cosas en perfecto estado. Y sólo un 7,5% dice que es primordial cuidar el medio ambiente frente a un 69,3% que ignora esta cuestión.
Es evidente que las condiciones en que se educan nuestros niños han cambiado. Y las inéditas pautas traen consigo problemas de nuevo cuño ya que quieren desarrollar conductas de adulto cuanto antes: tener su propio móvil, la ropa de marca, el botellón, entrar a las discotecas, e incluso hacerse mechas en el pelo... Una «socialización anticipada», como la define la doctora, que tiene su reflejo también en sus juegos.
¿Cómo se ha llegado hasta aquí? En las urbes de ahora ya no se baja a la calle a jugar, los primos viven en otras ciudades, no se conoce a los vecinos... Esa forma de vida limita las posibilidades de los pequeños de construir su tiempo de ocio en compañía de otros. El sociólogo Alberto Moncada coinicide también en la apreciación de que el miedo a la calle, «no de los niños sino de los padres», condiciona enormemente su forma de relacionarse.
Que sus amigos son una parte esencial de sus vidas lo refleja que para el 91,6% es muy importante poder jugar con ellos. También que un 74,9% asegura que su juguete preferido lo es porque le permite jugar con otros niños. El 55,3% se siente celoso si sus compañeros prefieren a otros y para un 85% es básico que sus amigos cuenten con él.
El juego con iguales es la actividad más importante para ellos, pero sin tiempo, sin espacios adecuados y sin otros niños con quien jugar el sustituto más fácil ha pasado a ser la televisión, internet o los videojuegos. De hecho, en su habitación, el 79,7% tiene una videoconsola, el 68,7%, ordenador conectado a internet y un 32,9%, televisión.
«En la relación con sus amigos nunca tienen bastante y tampoco cuando se ponen a jugar. Por eso en el momento en que la distancia física se convierte en un impedimento, recurren al móvil, los chats o juegos on-line para permanecer en contacto el mayor tiempo posible», destaca Pérez.
Por sus respuestas, se concluye también que se sienten amados por los suyos. El 61,6% dice que no se siente solo en casa, el 78,2% que sus progenitores están contentos con él, y al 81,9% le gusta que sus profesores le feliciten. Y a la pregunta de si, en general, es feliz, el 83,6% responde que sí. Y eso, sin duda, es lo más importante. 

Fuente: lasprovincias.es

Fotografia Valencia